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12/3/18

Después de algunos paseos por escenarios medio inundados, en uno de los cuales trate de lavarme el pelo con un shampoo que salia negro (pero aparentemente era bueno), estoy en un bote que es como una lanchita pequenia pero cubierta viajando por el mar con funcionarios malteses.
Estoy con mi mochila con todas mis cosas Nos acercamos a unas islas muy chiquitas, redondas, de piedra, pero difíciles de acercarse a cualquier parte, sin arena, es como si fuera media esfera de piedra saliendo encima del agua, Construidos ahi, existen, como desde hace cientos de anios, algunos de los edificios principales de malta, iglesias y castillos, pero no hay nada mas, ni calles ni rutas. Todo malta se esta hundiendo así que se van a muda acá que había sido un intento anterior del país y esta un poco mas arriba del nivel del agua, aunque sea mas chiquito.
El plan es acercarnos a explorar las islas, aunque no entiendo como vamos a hacer por que el bote no puede acercarse mucho a nada y me preocupa que tengo todas mis cosas encima. Pregunto si dejo las cosas acá, digo que me puedo acercar nadando y traer el bote con una cuerda o algo, pero no entiendo las respuestas, y no se donde dejar mis cosas. Derrepente todos empiezan a salir del bote y con el movimiento del la ultima persona, (quizás Carrio) el bote se da vuelta Rapidísimo entra agua y se empieza a hundir Siento que se hunde mientras estoy adentro y se que no lo van a levantar, que debería salir. Como que me quedo un momento paralizado haciendo como la plancha y pegado a lo que antes era el piso donde queda un poco de aire. Cuando me decido a escapar para nadar a la superficie hago fuerza pero no me puedo empujar bajo el agua, y entonces no puedo salir. No llegue a ahogarme ni nada igual, pero me desperté en ese forcejeo.

5/19/11

mas olas

Estoy en un botecito en medio de alta mar. Es casi de noche, y el mar, desquiciado,  es de un color azul indigo casi negro.  Las olas son gigantes, parecidas a las de Okusai, pero negras, con esa espumilla en las puntas. No son rectas como en otros suenos o en la vida real...
Las olas vienen de ambos lados hacia mi, mediran unos 12 metros de alto.  Cuando deberian taparme, logro agarrarlas bien y que no me ahoguen.  sigo en el barquito.  Hay una voz en off, es de L. Me dice como hacer para que no me coman las olas. 

6/14/10

Suicidio asistido

Mi casa tenía el primer piso en construcción. Mi habitación no tenía paredes: sólo el piso y el techo, y las vigas de las esquinas. Mi colchón desnudo era la plataforma desde donde veía el jardín, las otras casas y desde donde podía ser observada por los vecinos.

Mis padres nos anunciaron a mi hermano y a mí que nos habían ingresado a un programa de suicidio asistido a los cuatro integrantes del núcleo familiar y que nos quedaba un mes de vida antes de ir a la clínica que proporcionaba el servicio, en donde nos matarían por medio de inyectarnos un líquido venenoso en la sangre. Ellos habían decidido y firmado un contrato por nosotros.

Me junté con dos compañeras del secundario a hablar sobre ropa y cosas superficiales. Todo era puro palabrerío, y yo no podía dejar de pensar en la decisión de mis padres.

Luego me reuní con otra amiga del secundario, a quien le conté del servicio de suicidio asistido. Ella me dijo, como si estuviera contando una banalidad, que ella también había contratado ese servicio y que su muerte estaba planeada para dos días después. Me contó también que estaba saliendo con un chico hacía poco tiempo, y que al día siguiente conocería a su madre, por lo que estaba contenta y ansiosa. “Y no le dijiste de tu suicidio asistido?”, le pregunté. Ella contestó que no, y que su familia ya estaba avisada para decirle al chico que había tenido un accidente fatal.

Volví a casa, meditabunda.

Al día siguiente mis padres nos llevaron a conocer la clínica que proporcionaba el servicio para convencernos de su profesionalidad. La clínica estaba adentro de un shopping. Me maquillé con los colores más lindos de un stand de maquillaje, pero me quedaron horribles. Entramos a la clínica y vimos las habitaciones: tenían espacios para orar y habitaciones para expiar cada tipo de pecados. Me enojé porque en mi casa no somos cristianos.

Acto seguido nos subimos a un botecito de plástico que se metió por un túnel, parecido a esos juegos que se ven en los parques de diversiones estadounidenses en los que los usuarios se meten en el “túnel del terror”.

El bote nos llevaba a recorrer un mapa de todo el mundo. Reconocí un pueblo de Alemania del Sur y Venecia. Lloré cuando vi el Gran Canal veneciano.

Llamé a mi amiga, quien me contó que estaba contentísima porque en un ratito conocería a la madre de su novio. Al rato fui a ver a mi novio y darle la noticia de mi muerte próxima. Juntos intentamos pensar si había alguna manera de escapar de ese destino (y además, yo podría quedarme con la casa y vivir en una habitación mejor). Yo quería vivir.