Soñé que un extraño dirigía la orquesta. Estábamos en una habitación en donde las paredes y el suelo eran de cemento, y no había ventanas sino agujeros en la pared. Afuera era de día aunque estaba todo muy nublado y la luminosidad era muy baja. Se veía por la ventana el pasto, que estaba especialmente verde como si hubiera llovido. En la habitación había muchas personas. La orquesta de improvisación de la cual formo parte estaba formada alrededor de un extraño, que los dirigía de una forma que a mí me ponía muy nervioso y me enojaba: cantaba una nota y luego señalaba a los músicos diciendo que debían copiarlo. Todo el concierto se desarrollaba de ésta forma, los músicos obligados a copiar lo que el extraño decía en forma exacta. No me gustaba para nada la forma de dirigir de esta persona, y se lo comentaba a mi amigo Fede y a su novia. Maggie (la novia) me retaba por juzgar de esa forma al extraño, y me decía que la forma en que había hablado era muy cruel y duro. El sueño terminaba con mis disculpas y la vergüenza.
7/6/10
Soñé que un extraño dirigía la orquesta.
6/29/10
El chico holograma
Mi amiga Clemen me había invitado a ver a su nuevo novio, que tocaba música experimental. Yo no había oído nunca sobre él como músico y desconfiaba de la calidad del concierto. Además, el lugar quedaba lejos de casa. Fui igual para apoyar a mi amiga.
El concierto se sucedía en una terraza, sobre la membrana plateada. Los músicos tocaban sus instrumentos electrónicos sobre una mesita, parados, y el público los rodeaba parado, también.
El concierto estaba buenísimo y me puse muy contenta de haber ido y orgullosa del novio de mi amiga. Un chico se me puso a hablar: era el clon efímero de otro chico que no había ido al recital, un clon que duraría tres horas. Un holograma.
El chico holograma dijo que estaba enamorado de mí, pero a mí no me interesaba y estaba más preocupada por irme. Tenía que tomar el 57 y ya era la una y diez de la mañana. Le dije al chico holograma si no quería usar una de las pocas horas que le quedaban antes de desvanecerse para acompañarme a tomar el colectivo, porque es un colectivo que a la madrugada tiene muy poca frecuencia.
6/16/10
Un concierto en la casa de Alex
Tenía un libro-disco en la mano. Era un disco de Alex. Lo estábamos escuchando. Era hermoso y tenía un título muy serio que refería a que el disco era un estudio que se contraponía a algún movimiento musical del siglo XX (algo así como “Refutación del postatonalismo”, pero no era eso: las palabras exactas se me borraron). Estábamos muy orgullosos del disco de Alex.
Estábamos preparando un concierto para íntimos en una de las habitaciones, y todos estaban esperando a que llegara un flete con un teclado de juguete. El teclado de juguete era mío y yo abriría el concierto, pero el concierto de los demás también dependía de mi instrumento ya que lo iban a usar varios músicos.
Mientras esperaba, pensaba que no había preparado nada para el concierto. “Puedo improvisar”, pensaba, “pero qué tanto puedo improvisar con un tecladito de juguete?”. Estaba muy preocupada.