Showing posts with label llanto. Show all posts
Showing posts with label llanto. Show all posts

1/11/11

Veo un estrado de juzgado y un grupito de niños cuyas cabezas estaban como deformadas, tenían la frente gigante, parecía que tenían un retraso mental pero era sólo físico. Se reían. Mi mamá, mientras comía helado, me decía "Quedaron así por la tragedia con el gas. Les dejaron el gas prendido y quedaron así".
Y después otra imagen.
Un chico rubio de pelo un poco largo, viste un traje, mira por la ventana, es de día, la luz le ilumina la cara, se le caen las lágrimas.

7/9/10

Mudanza y pasado

Javier se había mudado al lado de mi casa. Para acceder a su casa, bastaba con abrir una puertita pequeña que había en mi living, escondida detrás de una silla, cuya llave yo tenía.

Entonces yo entraba a su casa y la luz era un poco como en la casa de mi abuela. Veía facebook a través de una tele que tenía él arriba de una mesita, y veía que un conocido mío había subido fotos de mi hermano cuando era chiquito que no había visto nunca.

También veía un video de mi hermano muy pequeño, trepado al aguaribay del fondo de mi jardín, jugando a que se estaba escondiendo de alguien (los piratas, o algo así). En el video, cuando mi hermano quería bajar por una escalera apoyada en el árbol y en el galpón del fondo de casa, pisaba mal y caía boca abajo por la escalera. Y lloraba.

Volvía a casa por la puertita y hablaba con mi mamá para contarle. Cruzábamos a la casa de Javi y hablábamos un rato con él (mi mamá estaba sorprendida de que ahora fuéramos vecinos de Javier).

Yo ponía de nuevo el facebook en la tele y volvía a ver todas las fotos y el video entero, todo exactamente igual a antes.

7/8/10

Travesía sin rumbo

Aparecía en mi cama en el jardín delantero de una casa que desconocía. Despertaba, era de madrugada, bien temprano por la mañana. Venían, de pronto, unos tres hombres robustos y con barba que cargaban con una caja, se acercaban a la casa. Como yo tenía miedo de que me hicieran algo me hacía la dormida. Se iban, creo que sin notar mi presencia o, si la habían notado, no les había importado mucho. Yo entendía que en esta vivienda vivía un matrimonio que se iba a trabajar todo el día desde muy temprano; no quedaba nadie en la casa, pero ellos dejaban todo abierto. Me levantaba, me tenía que ir a una clase de la facultad.
La clase se dictaba en un lugar abierto y yo, por algún motivo, empezaba a comportarme de manera extraña: tenía la sensación de estar drogada y borracha y me revolcaba por el suelo mientras me movía al compás de una canción de algo que sonaba como The Who o Led Zeppelin. El lugar abierto estaba siendo transitado por otras personas, era como una especie de centro comercial con un gran parque. En un momento aparecía una orilla y agua, como un lago de la Patagonia, yo seguía en estado de ebriedad/drogas y me acercaba demasiado al agua, el profesor decía "chicos, cuidado, no se acerquen tanto a la orilla".
En un momento dado me iba por ahí, con todo mi curso y con el profesor habíamos quedado encontrarnos horas más tarde en un aula de aquel extraño complejo comercial, pero yo me perdía.
De pronto me encontraba a V. (mi novio) que estaba con unos amigos suyos dando vueltas por el lugar. V. estaba muy distante, ausente, no me prestaba atención, se hacía el desinteresado y a mí eso me afectaba. Seguía, entonces, mi camino y, como si fuera un boliche, un chico se me acercaba y me preguntaba si no quería irme con él, se me acercaba mucho mientras me decía esto. V. veía toda la escena desde un piso más arriba y se burlaba de mi situación haciendo unas muecas. Me enojaba.
Se iba haciendo de noche y el lugar se transformaba cada vez más en un boliche, había muchas escaleras, estaba llegando tarde a la clase y no sabía a dónde tenía que ir. Pedía ayuda en un puesto y las mujeres que me atendían decían que no sabían nada de una clase, entonces yo les pedía que me dejasen usar el teléfono, pero no querían.
Iba al baño y al lado de la entrada había una escalera de emergencia y unas mujeres sentadas. Una de ellas tenía una mirada muy intensa y no me sacaba los ojos de encima, me miraba muy mal y se notaba que me odiaba. No me conocía, pero yo sentía que aquella mujer podía "leer" cosas muy íntimas de una persona sólo con mirarla, y me sentía bastante juzgada. En un momento le preguntaba qué le pasaba, que por qué me miraba así, y ella me respondía: "No me gustan las chicas caprichosas que se encierran a llorar en el baño." Yo le respondía, muy enfadada e indignada y ya yéndome de ahí, que ella no podía saber si eso que decía de mí era cierto (lo decía gritando). Las mujeres me miraban y no me hablaban. Yo me iba.
Ya era muy tarde, había perdido la clase y me volvía a aquella casa en donde estaba mi cama. Cuando llegaba veía que los hombres barbudos estaban adentro, y ahí me daba cuenta: estábamos ocupando la casa del matrimonio mientras ellos no estaban durante el día y, aparentemente, eso sucedía seguido.
Me animaba a entrar a la casa y hacerme "amiga" de los hombres, quienes tenían una energía muy extraña. Estaban muy serios y concentrados en sus cosas y no se miraban entre sí, no me miraban a mí, sólo miraban lo que hacían. De repente escuchábamos ruidos y entendíamos que era el matrimonio que había vuelto. Nos escapábamos y yo lo hacía por una ventana. Yo creía que había salido a la calle pero en realidad, para mi sorpresa, me había metido en un jardín que era parte de un hogar para niños que manejaba un grupo de monjes tibetanos. Veía a uno de los monjes (rapado, con su característico manto naranja) charlar con una mujer común y corriente. Como me interesaba el lugar, les iba a hablar. El monje me decía que me uniera, que yo podía ayudar a los niños. Aceptaba y me sentaba en una mesa de aquel jardín a picar una cebolla para la comida.
De pronto venía una mujer (que conozco en la vida real) y me decía que era amiga del matrimonio y que estaban muy preocupados porque había gente que irrumpía en su casa cuando ellos no estaban, que estaban buscando a los culpables y que ella los estaba ayudando. Me decía también que yo era una de las sospechosas y me pedía que le muestre las manos para ver si las tenía sucias (si las tenía sucias significaba que yo era una de los culpables) pero tan sólo tenía suciedad en las uñas —que no era prueba suficiente—. La mujer se iba y me dejaba en paz.
Me iba del hogar de los tibetanos y comenzaba a andar por la calle sin rumbo fijo. Notaba que había uno o dos autos que daban vueltas muy lentamente y suponía que todavía nos estaban buscando por la irrupción en la casa.
En un momento llegaba al centro de la ciudad, escuchaba ruidos de animales detrás de mí y al darme vuelta veía en medio de la calle un cerdo y un conejo. El semáforo estaba en rojo y los autos, por lo tanto, no estaban andando. Los animales no se movían del medio de la calle, el semáforo cambiaba, los autos aceleraban y atropellaban al cerdo y al conejo. Yo me ponía a llorar, ¿cómo podía ser que aceleraran sabiendo que estaban los animales ahí?, ¿cómo no les importaba atropellarlos? La imagen ahora era muy cruda: el cerdo gemía y gemía, boca arriba a medio descuartizar y el conejo estaba en una situación parecida. Me desesperaba y pedía que por favor el cerdo muriera enseguida así dejaba de sufrir. De pronto unos policías o guardias de seguridad tomaban a los animales por las patas y los ponían encima de una mesa o tabla. Estaban en la vereda de en frente. Yo me ilusionaba porque pensaba que iban a tratar de salvarlos pero, en su lugar, se ponían a sacrificarlos y fainarlos para comerlos. Yo volvía a llorar de indignación y rabia.

6/26/10

Abandono (17 de abril, 2010)

De viaje. Un lugar que no conozco. Tenía, aparentemente, dos hijos: una niña y un niño.
Estando tranquila en un cuarto, de pronto aparece un niñito muy rubio, que me decía que era el fantasma/doble de mi hijo varón, que venía a atormentarme, y realmente lo lograba.
Una secuencia de imágenes en las que el niño se aparece, hace desastres, se pone violento, quiere morderme, todo muy desesperante, hasta que llegaba el momento en el que yo decidía hacer algo al respecto. Entonces, por algún motivo, buscaba en Internet imágenes de la palabra "rubia", a lo que aparecían imágenes de odaliscas. Aparecía T. y miraba la pantalla y me decía, extrañado, "¿Rubia?". Yo no sabía qué responderle. Le terminaba diciendo que estaba buscando a una asesora en el asunto del niño.
A continuación, otra imagen del niño molestando, haciendo ruido. Yo decidía dejar de agrandar el asunto y tratar al niño como tal y no como a un ser sobrenatural y malvado superior a mí. Entonces lo miraba y le decía que me iba a ir, que lo iba a abandonar. Inmediatamente el niño deja de lado todo rastro de maldad, se angustia y llora. Yo simulaba abrir la puerta de la casa e irme. Veía en la puerta como por arte de magia una valija. Para hacer la actuación más creíble tomaba la valija y empezaba a caminar, diciéndole "Chau, chau, me voy". El niño se desesperaba, lloraba desconsoladamente y me gritaba que no me fuera. Mis "verdaderos" hijos lo abrazaban y lo miraban, también angustiados. Al ver al niño sufrir tanto me preguntaba si lo que estaba haciendo no era demasiado cruel. Sabía que mis hijos tampoco se estaban sintiendo cómodos con la situación. Yo me tranquilizaba pensando "Pero si es sólo un juego...". Al seguir caminando veía en un rincón en la calle a mi papá observando todo. Me fijaba en la gestualidad de su cara, que era bastante neutral, para entender si a él también le parecía mal lo que estaba haciendo, pero enseguida pensaba que "él no podía juzgarme porque ellos (mis papás) habían hecho lo mismo conmigo".

Notas:
1. La valija que encontraba en la puerta de la casa era la misma que aparecía en una película que vi esa misma noche, en la que la protagonista llevaba a su propio cadáver en ella.
2. No tengo recuerdos
conscientes de mis papás simulando abandonarme, en contradicción a lo que pensaba al final del sueño.

6/20/10

Sueño de no sé cuándo y no sé cómo

Se me cae el pelo de a mechones, no deja de caerse, apenas lo toco se desprende, estoy muy asustada y angustiada, lloro y quiero despertarme.